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El Barcelona campeón de la Supercopa de Europa ante el Sevilla (5-4)

  • Foto: Getty Images©

El Fútbol Club Barcelona es el nuevo ganador de la Supercopa de Europa tras imponerse al Sevilla Fútbol Club en un partido de infarto, que cayó del lado culé en la prórroga. El resultado final de cinco goles a cuatro deja a las claras el tipo de encuentro que se vivió en la ciudad georgiana de Tbilisi.

Un partido loco, en el que empezaba marcando a los dos minutos Ever Banega con un bonito lanzamiento de falta, pena pitada por el árbitro sobre José Antonio Reyes que no era tal, pero el centrocampista argentino aprovechaba lanzando magistralmente.

Por lo tanto, comenzaba ya de manera frenética el choque, que escasos segundos después vivía una situación parecida en el borde del área contraria. Falta sobre Luis Suárez que un Messi genial clavaba a cámara lenta sobre la escuadra del marco de Beto, el ayer cancerbero sevillista.

Fueron cayendo los minutos hasta que de nuevo apareció la magia rosarina en el tramo inicial de la primera mitad. De nuevo Lionel Messi y otra vez de falta, esta vez algo más lejana. Tiraba el sudamericano con rosca al palo del portero portugués de los de Nervión que poco más pudo hacer, sino mirar cómo entraba el balón en las mallas.

Cuando parecía que el partido se iría con dos a uno a favor de los azulgrana al descanso, llegó un nuevo zarpazo de los de Luis Enrique, esta vez en las botas de Rafinha, que aprovechaba un buen centro de Luis Suárez. Era el minuto 43 y el Barcelona parecía poner tierra de por medio con el Sevilla.

Más era así cuando, reanudada la segunda parte, el charrúa Suárez aprovechaba un garrafal fallo del lateral nervionense Tremoulinas, que a ojos de todos, incluidos los más sevillistas, era la sentencia de un Barça hasta entonces intratable sobre el terreno de juego. Pero cómo cambiaría la película.

El técnico asturiano cambiaba a Andrés Iniesta, pensando que el partido estaba resuelto, pero lo echaría de menos. Reyes anotaba el cuatro a dos, que daba esperanzas mínimas a su equipo. El conjunto culé entró en ese momento en una situación de shock generalizado, con una falta de control de la pelota que aumentaba un nerviosismo patente. Mathieu, más acostumbrado a desempeñar el rol de central, cometía numerosos fallos en la marca, que costaban goles. Así ocurrió con el tercero, obra de Kevin Gameiro al aprovechar un penalti del desarbolado galo.

Corrían segundos de incertidumbre donde la pizarra de Emery superaba a la de un incrédulo Luis Enrique, que veía cómo volvía a haber partido pese al cuatro a uno que lucía el marcador 15 minutos atrás. Y ahí no quedaba la cosa, en el 82 Konoplyanka remataba a la red el empate a cuatro confirmando el desastre emocional y táctico del conjunto culé.

Pese a los continuos desbarajustes, el pitido final del árbitro mandaba a decidir todo en la prórroga o en su defecto en los penaltis. Pero no hubo necesidad de acudir a las tandas, ya que en la segunda mitad del tiempo añadido, el canario Pedro Rodríguez, que podría estar a escasas horas de fichar por el Manchester United, marcaba el definitivo cinco a cuatro en el minuto 115, al igual que lo hiciera ante el Shaktar Donestk unos años atrás en el mismo torneo.

El fútbol español mostró al Mundo un soberano espectáculo. Sevilla y Barcelona consiguieron una de las Supercopa de Europa con más goles que se recuerdan. Finalmente, Canaletas se llenaba de aficionados hasta altas horas de la madrugada, mientras la sevillana Puerta de Jerez quedaba desierta, en lo que podía haber sido una gesta para la eternidad de los hispalenses que quedó sólo en una demostración de pundonor.

Publicado por Javier Molina - Perfil en Google+ - Leer más artículos de Javier Molina

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