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Aprender a esquiar II: La cuña para frenar

Con los esquís calzados y equipados con comodidad, nos desplazaremos a un lugar de poca pendiente, incluso podremos ensayar en un terreno completamente llano. Es muy importante, si queremos aprender correctamente, tomárselo con calma y no tener ninguna prisa. Hay personas que por su sentido del equilibrio o predisposición para el deporte, son capaces bajar rápido el primer día. Pero no debemos desesperarnos si no es éste nuestro caso, lo normal es que, cuando estamos empezando, pasemos gran parte del tiempo caídos en el suelo.

La cuña. La posición básica de los esquís es la cuña. Consiste en formar una especie de cuña o uve con las tablas. Para ello mantendremos las espátulas juntas y las colas separadas. Las rodillas ligeramente flexionadas y espalda erguida, ya que se tiende por instinto a inclinarse y sacar el trasero, lo cual es incorrecto y complica nuestro equilibrio. Dejaremos caer los brazos con naturalidad, sujetando firmemente los bastones sin que éstos lleguen a tocar el suelo. La posición resultante no es precisamente elegante, pero ya llegará la elegancia. Recordemos: sin prisas.

La frenada. Con la cuña abierta y clavando los cantos interiores de las tablas en la nieve, nos colocaremos con el cuerpo enfrentado al valle, esto es, a la pendiente. En esta posición no nos desplazaremos, pues nos encontramos “anclados” en la nieve. Para comenzar a deslizarnos, juntaremos ligeramente las tablas, cerrando el ángulo y la cuña. Para frenar abriremos cuña de nuevo clavando los cantos interiores. Repetiremos la operación varias veces. Poco a poco dejaremos que pase más tiempo entre frenada y frenada para notar como aumenta la velocidad.

Imagen: torrevieja.com

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